Escribes: "un zorro en un bosque al atardecer, estilo cinematográfico, colores cálidos". El modelo genera algo — casi siempre razonable, a veces sorprendente, con frecuencia no lo que tenías en mente. Vuelves a intentarlo con más palabras. El resultado cambia, pero no de la forma que esperabas: el modelo ajustó la composición cuando tú solo querías cambiar la luz, o cambió el tono de la escena entera cuando solo pediste "más cálido".
Esto no es un fallo del modelo: es una consecuencia directa de cómo funciona el lenguaje natural como instrucción. Una frase descriptiva no distingue con claridad qué palabra modifica a qué elemento de la imagen, ni en qué orden de importancia deben aplicarse los atributos. El modelo tiene que inferir la estructura, y esa inferencia es exactamente el punto donde se cuela la variación no deseada.